SÍ, YA SÉ, NO ME REPITAN ES LO ESTABLECIDO Y BASTA (1974)

SÍ, ya sé,

sé por qué la pared es necesaria,

nos obliga a girar sobre los pasos,

nos encierra en los muros de la casa.

Sí, ya sé, no me repitan,

es lo establecido y basta.

El mismo ritmo de siempre,

la misma canción guiada

por la vieja batuta envejecida

de ese viejo maestro, la ignorancia,

que supo inventar la clase

que quiso ponernos tapias,

vendas de hormigón forjado

sobre los ojos del alma.

 

Sí, ya sé, no me repitan

¿Por qué cambiar si es cómoda la danza?

Sí, ya sé, no me repitan

es lo establecido y basta.

Cambiemos la melodía,

las ventanas de la casa,

la cultura nuestra escuela,

la dignidad nuestra causa. (1974)

Antonio Pastor Gaitero

Canción del libro “Primeras canciones”

Antonio y Jose Miguel 1974

José Miguel acompañándome en la canción y en la amistad

Antonio 1974

 

Primeros acordes

No quiero ser la nieve que deshace

su vida y su esplendor sin resistencia,

y me enfrento al calor porque convierte

en nieve derretida mi conciencia.

Y no seré la rama deshojada

que no recibe aprecio por pobreza,

la vida es mi raíz, y despoblada

ha de brotar la savia en mi madera.

No quiero ser el árbol que termina

sus días sin nacer la primavera,

he de extender mis brazos hacia el aire

y crecer a la luz en la arboleda.

 

No quiero ser el grito enmudecido

que no conoce el eco en la garganta,

que no conoce luz porque enmudece

entre sombras su acento y su palabra.

No quiero ser servil el instrumento

que en otras manos cuando soplan suena,

en aire convertirme quiero, en aire,

y a mi aire cantar y a mi manera.

No quiero se  la máquina precisa

que apretando el botón se enciende y rueda.

Antonio Pastor Gaitero (1973)

Canción del libro “Primeras canciones”

Recopilación de canciones de la década de 1970  

 

Es momento de bálsamos y amparos

Sé que no debería

dejar en este escrito reflejado

el dolor de cabeza que me oprime,

y unas manos sujetas a mi espalda

me empujan a la orilla de este verso.

Y no debo, lo sé, no es necesario

añadir más fatiga al desencanto,

tú, que me lees  ahora y lo compartes

no precisas  la pena que me ahoga.

¿Pero cómo me alivio si me oprime

la incomprensión que acude a mi cabeza?

Para sedar lo escribo, porque estalla

un zumbido de avispas en mis sienes.

Es momento de bálsamos y amparos

y no de insultos ciegos y de inquinas.

A las adivinanzas pasajeras

volveré cuando la noche advierta

que debo de seguir en la odisea

de cultivar palabras en la ayuda.

Antonio Pastor Gaitero