Cuando dices mi nombre te renombro

Cuando dices mi nombre te renombro

y me oculto en tus labios y te indago,

y te encuentro desnuda en esa estrella

que pronuncia tu nombre en la mañana

y en luz arrebatada te convierte,

y le canto tu nombre a los espejos

que conservan la luz de la promesa,

la nitidez del alba en tu recinto,

cuando dices mi nombre me parece

que me late la vida entre tus labios.

Si madruga la niebla, yo te nombro,

te nombro hacia la luz porque me embriago

de tu amor sobre el humo de tu huella

que roza el corazón y lo desgrana,

grito tu nombre que pregona verte

en límites del mar, hacia lo lejos,

donde prende el amor y el amor besa;

a tu nombre me abrazo y me precinto,

cuando dices mi nombre me parece

que me late la vida entre tus labios.

Antonio Pastor Gaitero

Poema del libro “La respuesta del espejo” publicado por “Lastura ediciones”

Tú sabes que te nombro cuando escribo

Tú sabes que te nombro cuando escribo,

y en el poema estás cuando la noche

con sábanas de lirios nos cobija.

Recuerda que que una tarde te quedaste

dormida entre los brazos de la aurora

y se hizo eterno el sueño de los besos

que esperaban el fuego en tu contorno.

Sé que sabes que cuando digo vida

te nombro y te recuerdo,

y cuando escribo beso

te beso y te pronuncio,

sé que sabes que estás en el acento eterno

de un adiós que espera tu regreso.

Que la palabra abraza y te sonríe

porque sentirme vivo fue la causa

que tu mano mi mano protegiera,

que la esperanza de sentir tus labios

en el fondo del sueño permanece.

Sé que sabes que ayer no es el pasado

que te espero impaciente todavía.

Antonio Pastor Gaitero

Poemas cotidianos

He de decir por defender mi estima

que no salgo sin ella y soy prudente

miedo y respeto tengo a la pandemia,

soy persona de riesgo y me lastima

sin mascarilla ver al imprudente

y es esta una razón que al tonto apremia.

 

Si me protejo es por salvar si puedo

de infectar por contagio a otras personas

y protegerme así de ser infecto,

tan sólo fue un despiste y tengo miedo,

si piensas que no es nada no razonas,

te viene grande ¡Tonto! Este proyecto.

 

El virus sigue ahí, está presente

no se esconde ni avisa, está en el aire

y te acecha y  te infecta si respiras.

¿Lo ves? No tengas dos dedos de frente,

no des a la razón ningún desaire

la muerte se presenta sin mentiras.

 

Fue un despiste, salí sin mascarilla,

y a casa fui corriendo avergonzado,

cubriéndome la cara con las manos.

Corro en ziz zaz, me tuerzo una rodilla

y en ese instante pasan por mi lado

una chica, un mengano y dos zutanos.

 

Uno me mira mal y me reprende

¡Guarda la distancia al menos!- dice

los otros dos apenas si se inmutan,

si va a por ella el pobre me defiende

mi vecina Joaquina que predice:

¡Él se la pone siempre! no discutan.

 

Salgo por fin con ella bien sujeta

y me voy separando de la gente

que alegre pasa o que corriendo vuela,

los hay desvergonzados por su jeta

pero he de comentar y soy consciente

que son la mayoría buena escuela.

 

Corregir el error y no dar pausa,

ni un pequeño despiste ni un olvido

tengo que dar al virus que me aterra,

es esta la verdad para esta causa.

En algunas peleas ha vencido

mas saldrá derrotado en esta guerra.

Antonio Pastor Gaitero

 

Imagen destacada de Rocío Pastor Eugenio WOMANWORD

Aliteración

 

Tu mirada de miras minuciosas

indefenso dejó mi labio herido,

y un beso de embeleso suspendido

llano llenó mis labios, que sonrosas.

 

Fuego manan tus manos milagrosas,

me acerqué con acierto a su latido,

lento delata el lazo y ni he querido

a tus manos dejar de ser ociosas.

 

Me sujetan tus manos y parece

que el beso crece, besa y se anticipa

y el sueño en tu mirar se adueña y mece.

 

Se levanta, se eleva y se emancipa

al fuego fiero firme permanece

desemboca en tu boca y participa.

Antonio Pastor Gaitero

 

Antonio en la presentación del 7 de marzo-6

Fotografía de Pedro Ignacio Tofiño

 

 

No puedo decirte adiós (1974)

Sé por tus labios

que hay un dulzor a fresco en la mañana.

Y porque quiero verte me reflejo

en el recuerdo ansiado de tu imagen

que como el mar, tu mar, mi alma serena,

y me reflejo en ti para abrazarte,

para fundir en desnudez locuras

y contemplarte, amor, y contemplarte.

Que torpe soy, no percibir tu risa

paralela a la vida,

ni tu suma de amor

multiplicada en besos.

No puedo decirte adiós,

no puedo pronunciar esa palabra,

la odié desde niño ¿Sabes?

mucho antes quizás de pronunciarla,

no puedo decirte adiós,

no puedo pronunciar esa palabra.

Antonio Pastor Gaitero (1974)

Antonio 1975

Primeras canciones

 

Consiguieron de mí sentirme un río

sin caudal y sin flora en las riberas,

y el muñeco que soy por no ser mío.

 

Esta imagen real y repentina

no vencerá por conocer la sombra

de mi gris impotencia en esta esquina.

 

Mas será el mar mi fin y mi destino,

en mi curso las aguas son canciones

que llevarán la sal por el camino.

 

Si no me frenan miedos ni zozobras

seguirá recto el canto en la garganta,

siendo el hacer más sólido en las obras.

 

Antonio Pastor Gaitero (1974)

Canción que pertenece al libro “Primeras Canciones”

recopilación de textos musicalizados en la década de 1970

 

 

A LAURA PASTOR EUGENIO

A Laura Pastor Eugenio -29 de Mayo de 2020

La suma de los años no es el tiempo

que extiende y suma y que mayor nos hace,

sólo el tiempo que vida disfrutamos

suma lunas y suma atardeceres,

y suma, si cruzamos horizontes

para vencer obstáculos de niebla,

si el pulso se acelera y la alegría

brota indomable ávida de vida

cual manantial naciente,

sólo el tiempo que al afecto acude

con lágrimas reúne y besos alza

es el tiempo que cuenta y te pervive,

si saltas, vuelas, ríes, lloras, amas,

bailas, denuncias, cantas, y defiendes,

si corres a la luz y la proteges

vives los años que tu tiempo ocupa.

Lo demás es vacío que no suma,

es ábaco de fácil aritmética

sin pulso, sin lágrima ni júbilo.

La edad es una anécdota imprecisa

que pretende inhibirnos del contento

si pensamos que el tiempo nos distancia

de la búsqueda del juego y la caricia.

Antonio Pastor Gaitero

Laura -7 (2)

 

Es momento de bálsamos y amparos

Sé que no debería

dejar en este escrito reflejado

el dolor de cabeza que me oprime,

y unas manos sujetas a mi espalda

me empujan a la orilla de este verso.

Y no debo, lo sé, no es necesario

añadir más fatiga al desencanto,

tú, que me lees  ahora y lo compartes

no precisas  la pena que me ahoga.

¿Pero cómo me alivio si me oprime

la incomprensión que acude a mi cabeza?

Para sedar lo escribo, porque estalla

un zumbido de avispas en mis sienes.

Es momento de bálsamos y amparos

y no de insultos ciegos y de inquinas.

A las adivinanzas pasajeras

volveré cuando la noche advierta

que debo de seguir en la odisea

de cultivar palabras en la ayuda.

Antonio Pastor Gaitero

 

Adivinanza canción

Son gemelas. Si se escapan

una va siempre delante

la otra hermana detrás anda,

o al revés según se mire

cuando paseando marchan.

Sólo se juntan si quietas

para sentarse descansan,

si de pronto te detienes,

si se elevan cuando saltas,

y cuando al suelo regresas

juntas de nuevo se alcanzan.

Antonio Pastor Gaitero

En este mar incierto de latidos

En este mar incierto de latidos

cuando la duda descontrola el aire

y respirar deja de ser rutina,

fue tu palabra el verso más amado para mí.

 

Fue tu sonrisa mi verso.

 

Cuando la calma procuró la lluvia

se llenaron los cursos de simiente,

brotó la primavera en tus pupilas

y floreció la luna entre tus brazos.

 

Fue tu sonrisa el verso más amado para mí.

 

Se regaron los surcos y tus mares

recibieron el trigo verdecido,

tu voz la paz y tu sonrisa el beso,

tu cuerpo la amapola,

y su color se acomodó en tus labios,

fue tu sonrisa el verso más amado para mí.

 

Cuando el agua besó tus labios grana

fue tu sonrisa el verso más  amado para mí.

Antonio Pastor Gaitero

 

 

 

 

NO DEJEMOS MALTRATO POR HERENCIA

Las Naciones Unidas en su 85ª sesión plenaria, el 20 de diciembre de 1993, ratificó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, donde se afirma que esta violencia es un grave atentado a los derechos humanos de la mujer y de la niña.

En el artículo 1 define la violencia contra la mujer:

A los efectos de la presente Declaración, por “violencia contra la mujer” se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

 

Ni un mal gesto, ni un grito, ni un insulto,

ni amenaza, ni humillación, ni ofensas,

que no frenen, tu voz, ni lo que piensas,

que ningún menosprecio quede  oculto,

si tu denuncia es voz, será tumulto.

A todos nos degrada la violencia,

el hombre a de gritar por la decencia,

unido a la mujer en la querella,

tan sólo la unidad la fuerza sella,

no dejemos maltrato por herencia.

Antonio Pastor Gaitero

 

Pellejito y los gorriones

Pellejito y los gorriones

Era un verano caluroso, tanto que aconsejaban salir a la calle al atardecer, cuando se metía el sol, las personas tenían que beber mucha agua, sobre todo las personas mayores y las más pequeñas. A los animales los tenían que vigilar a menudo para darles comida y agua, y a las plantas y a los árboles, al amanecer y al anochecer las daban de beber para que no se marchitaran, regándolos. La tierra, seca, mantenía el calor del día anterior y al recibir el agua la absorbía en un segundo. El calor provocaba que el agua se fuera evaporando de los embalses, la sequía era cada vez más angustiosa, nadie esperaba que lloviera en los próximos meses, quizás alguna tormenta ayudara a combatir el sofocante calor de ese verano.

Se cerraron fuentes para controlar el consumo de agua.

Los gorriones acostumbrados a beber el agua de los riegos en los jardines y de las fuentes, se caían de los árboles sin fuerzas para mantenerse en ellos por culpa de la escasez del agua, y de la sed, que les provocaba deshidratación.

Los gurriatos eran los gorriones más jóvenes y más delicados. Una mañana en el jardín de casa encontré un gurriato que apenas se mantenía en pie.

Para que no se prendiera en sus plumas mi propio olor, (cuentan que si sus familiares no le reconocen porque su olor es diferente, le rechazan) restregué las palmas de mis manos en la tierra seca del jardín y le cogí acunándole en ellas, y le subí a casa.

Al entrar “Pellejito” (que es mi gato, al que llamo así porque no tiene pelo) saltaba para verle, llevé al gorrión a la cocina y en el fregadero le deposité abriendo el grifo del agua fría, un hilo de agua despertó al gurriato, Pellejito saltó al fregadero y le observaba curioso y quieto en posición de caza, ¡Quieto Pellejito! Le dije con autoridad, y en esa posición se mantuvo quieto largo tiempo.

De mis dedos dejaba caer las gotas de agua llevándolas hasta su pico entreabierto, poco a poco el gorrioncillo se fue despejando y yo mostraba mi alegría y le decía a mi gato, ¡Ves Pellejito! ¡Vive! ¡Vive! Le llevé al estudio y Pellejito me seguía saltando y dando vueltas a mi alrededor.

El estudio tiene orientación norte y no da el sol en todo el día, quizás un poco de madrugada, la ventana de doble cristalera nos deja entre ambas un hueco preciso para poner un cuenco con agua.

Vivimos en un segundo piso y las ventanas del estudio dan al jardín  donde sospechaba que  estaba su nido. Un piar continuo me indicaba que sus padres llamaban al gurriato.

Dejé cerradas  las hojas de las ventanas por dentro para que Pellejito que mantenía su posición amenazadora, no pudiese hacer nada al gurriato, y por fuera para que el gorrioncillo no se cayera de nuevo. Subí la persiana del todo y una luz intensa envolvió el estudio. Sobre el alféizar coloqué migas de pan y de galletas y semillas de pipas de calabaza desmenuzadas.  Dejamos al gorrión solo y nos alejamos al pasillo, tuve que coger a Pellejito en brazos porque no se quería separar del gorrión al que no perdía de vista.

Tardaron en aparecer los padres, pensé que no vendrían, pero un gorrión altivo con una mancha negra en el pecho y otro con una banda clara debajo de los ojos se posaron en el alféizar y piaban picoteando los cristales, el gurriato les llamaba, eran sus padres. Me acerqué y los padres se alejaron volando.

Abrí las hojas de las ventanas no sin antes haber dejado encerrado a Pellejito en el pasillo, el gorrioncillo ni se movía, dejé una de las hojas de fuera entreabierta lo justo para que entrara un poco de aire.

De nuevo me alejé, desde el pasillo con pellejito en mis hombros observábamos impacientes al gurriato.

Pellejito siempre que tiene oportunidad se sube a mis hombros y se queda en ellos como si fuera un loro, y así se quedó atento a la ventana.

Pellejito loro

Volvieron los gorriones al ver que no estábamos cerca y una conmovedora escena pude observar con alegría contenida. La madre y el padre traían en sus  picos comida para darle, el pajarillo abría el pico mientras movía sus pequeñas alas con impaciencia, los padres comían el pan y las galletas y las pipas de calabaza que habíamos colocado en el poyete de la ventana, y bebían agua del cuenco.

Su mamá iba y venía en cortos vuelos de la ventana al árbol más cercano, mientras el padre seguía alimentando al gorrioncillo, me acerqué a la ventana y los padres se fueron presurosos, abrí un poco más la hoja exterior y me marché al pasillo con pellejito en los hombros, el gurriato piaba con insistencia y los padres le contestaban al momento. Acudieron a su llamada y le señalaban el camino a casa volando incansables de la ventana al Álamo blanco del jardín, de pronto el gurriato se acercó con sigilo al  poyete y voló detrás de su mamá, y se posó no sin apuros en la rama más cercana.

¡Bien! ‘Bien! ¡Bien! Lo hemos conseguido Pellejito, y nos fuimos bailando por toda la casa ¡Bien! Jajajaja.

 

Pensé que no volveríamos a ver al gorrioncillo  y una leve tristeza me invadió, pero era más fuerte la alegría de saber que estaba en su hábitat con su familia.

Todas las mañanas llevaba el cuenco con agua y las migas y las galletas y las pipas al poyete de la ventana del estudio.

Pasaron unos días y el gurriato no regresaba a la ventana, y una tarde apareció, y picoteando la comida, se quedó un buen rato con nosotros, Pellejito de un salto se subió a la mesa, y flexionando sus patas traseras alargó el cuello y miró fijamente al gorrioncillo, ¡Quieto! ¡Quieto! ¡Es nuestro amigo! Le dije. Acudieron también sus padres y los tres comían y bebían tan tranquilos cuando una enorme paloma se posó en el poyete queriendo picotear al gorrioncillo, sus padres se pusieron en medio y defendieron con fiereza al gurriato, los tres gorriones se marcharon volando al Álamo blanco, pero Pellejito enfadado saltó a los cristales y asustó a la paloma y la paloma se fue y al poco volvieron los gorriones y Pellejito, quieto les miraba curioso mientras comían.

pellejito diciembre

Cuando la paloma volvía a la ventana Pellejito saltaba a los cristales y se ponía de pie para asustarla.

Una tarde abrí las contraventanas, hacía un calor insoportable, las crucé de modo que entreabiertas no pudiera Pellejito asomarse a la calle, ya que temía que se cayera, en ese instante llegó el gorrioncillo y se coló volando en el estudio y se posó encima de las teclas del piano, Pellejito estaba sentado en mis hombros y de un salto le persiguió por el teclado creando una música inaudible, el pajarito voló a un estante de libros que rozaba el techo, del estante a la ventana y de la ventana al Álamo blanco,  Pellejito desde los cristales le seguía con la mirada.

 

¡Quieto Pellejito! Es nuestro amigo.

Dejé las ventanas como estaban y al día siguiente el gorrioncillo entró de nuevo en el estudio y descansó de nuevo en el teclado del piano, pellejito saltó a su lado, se recostó todo él y escondió sus manos en su pecho, los dos se miraban fijamente, el gorrioncillo elevó el vuelo y se posó en la espalda de Pellejito y así se quedaron largo rato, yo me contenía la risa para no estropear la escena.

 

Me fijé en el gorrioncillo y vi que una nube blanca se extendía debajo de sus ojos, su plumaje era claro y supe al instante que era una hembra muy elegante, de pronto voló a la ventana y de la ventana al Álamo blanco, Pellejito giró la cabeza para despedirla y dejó fija su mirada en los cristales, se quedó pensativo como piensan los gatos.

¡Ya sé Pellejito! Cómo llamarla, la vamos a llamar “Nita”, Pellejito me miró y un miau afirmativo sonó con melodía al tiempo que se levantaba pisando las teclas del piano.

Todas las tardes como un reloj a la misma hora Pellejito se asomaba a la ventana y esperaba a “Nita” con paciencia de gato, “Nita” volvía cada tarde a subirse a lomos de Pellejito.

Pero una tarde de septiembre Nita no acudió a su cita con Pellejito, el otoño llegó y los días de luz eran cada vez más cortos, llegó el invierno, el frío y la lluvia cubrieron el cielo de gris.

En febrero desde la ventana del estudio vi a los jardineros podar el Álamo blanco,  se acercaron a la rama desde donde los gorriones volaban a la ventana del estudio,  ¡No! ¡Quietos! ¡Esa rama no! ¡Por favor! ¡Esa rama no! ¡En esa rama descansan los gorriones que vienen a comer a mi ventana! Los jardineros me hicieron caso, se miraron entre si y sonriendo dejaron la rama sin podar.

En marzo los días son más largos, el tiempo llama a la primavera y el Álamo blanco cubría sus desnudos troncos de nuevas hojas verdes.

Apenas llovía, y volví a colocar el cuenco con agua, las migas de pan y de galleta, y las pipas desmenuzadas. Pellejito me seguía y se quedaba en la mesa del estudio mirando a la ventana.

Volví a colocar las hojas cruzadas, y sin perder las esperanzas miraba al árbol mientras escribía un cuento de” Antoñito el orejas”

Una tarde de abril, casi vencido el mes, apareció en el poyete de la ventana una mamá gorrión con dos gurriatos a comer en el poyete, la nube blanca debajo de sus ojos era inconfundible, ¡Es “Nita”, Grité!  Pellejito los miraba curioso, le cogí en brazos ¡Pellejito! ¡Han venido! ¡Han venido! Le dije dando saltos de alegría, Nita no se asustó y siguió comiendo junto a sus gurriatos.

Abrí las hojas de las ventanas de par en par, Pellejito, se recostó en la mesa y escondió sus manos en su pecho  y “Nita” voló a su costado y los gorrioncillos la siguieron y se posaron en los hombros de Pellejito, y Pellejito quieto, me miraba, y quise pensar que sonreía como sonríen los gatos.

Pertenece este relato-cuento al libro “Antoñito el orejas” publicado por “Lastura Ediciones”

Antoñito el orejas- foto

DE FERIA EN FERIA

No eres más culto por lo que escribes, si no por lo que lees.

 

Un poema del libro “El musical acento de tu nombre”

 

Quiero por necesario comprenderte,

no por darte razón, para escucharte,

para aprender de ti, y para hablarte

con la paciencia que al abrazo acierte.

 

Opinarás distinto de la suerte

y no por desigual he de juzgarte,

de religión, política, amor, arte,

de la vida, del sueño y de la muerte.

 

Tendrás otro color y otras culturas,

otro país que en nada nos separa,

para toda razón hay más lecturas.

 

Tan sólo le rechazo al que prepara

y mantiene el dolor en sus locuras,

sólo aclara rencor y daño aclara.

Antonio P en la feria del libro de Valencia 2019

Portada del Libro El musical acento de tu nombre

Es nuestro tiempo un tren de cercanías

Es nuestro tiempo un tren de cercanías

y en su trayecto el pasado acerca,

guardamos las maletas que no hicimos

en espera de un acto fragmentado,

y el tiempo nos recuerda que es olvido.

 

El tiempo pasa y nos señala piedras,

heridas por tropiezos de los torpes

que escriben con errores su derrumbe.

¡Dejad la piedra en paz y en su descanso!

Grita el camino vista la torpeza,

pero la piedra espera otro tropiezo,

y todo se repite y todo llega

como si fuera un eco ineludible.

Es el pasado un tren que nunca alcanza

esa estación que su presente espera,

pero al recuerdo acude sigiloso,

al beso y al dolor de los andenes.

Antonio Pastor Gaitero

Del libro “Con nombre propio”

foto vias del tren octubre2016

 

Es mi Madrí, es mi Madrí

Es una casa abierta donde enseña

la luz el sol, su aurora en tu ventana,

quiere salir la luna en la mañana

y la noche en tu mar contigo sueña.

 

Es una casa abierta donde viven

de otros lugares pibes y mamusas,

se visten con mantones  y parpusas

y en los baretos cantan y conviven.

 

Una casa con patio de verbena

donde brilla la luna en sus rincones,

y cantará la noche tus canciones,

te sacará a bailar si tienes pena.

 

Es mi Madrí, Madrí, es mi Madrí.

 

Es el Madrí que quiero el que relato

chulapo soy, un litri presumido,

no me como un colín porque se ha ido,

madriles llámame, llámame gato.

 

Escalo hasta la altura de tu boca

y te beso los labios y repito,

tú me besas y en besos me derrito

al fuego que en mis labios desemboca.

 

En mi Madrí, Madrí, en mi Madrí.

Poema canción de libro ” El musical acento de tu nombre”

Publicado por Lastura Ediciones

Cuatro gatos mayo 2o18-2

 

Con un mantón bordado de claveles

En el concierto de La Fídula enero de 2019. Al piano Juan Barrios.

 

Con un mantón bordado de claveles

calquea la gata alegre en la Arganzuela,

levanta el almidón su falda y vuela

ese volante al bies por las Cibeles.

 

Me calzo la parpusa y los biseles,

cremallera, chitón, que el cheli jela,

con mirarme la gata me camela,

de litri voy, pincel entre pinceles.

 

Nos vamos de Cascorro a la Gran Vía,

cangelo da cuando te fija un beso,

si coge el dos, dibuja melodía.

 

La vida es la caricia de su boca,

me guinda la razón y lo confieso,

un lirio soy si su querer provoca.

Antonio Pastor Gaitero

 

 

antonio en la puerta de la fídula-2 (2)

 

 

 

 

EL MEJOR REGALO, UN LIBRO

fotografía iluminada 2018

Al abrirlo, una sábana

se extiende por tus manos

como una nube blanca

de pájaros repleta

con extendidas alas,

las alas son acentos,

los pájaros palabras.

 

Si se cierra, descansan

en nieve las palabras,

y los dibujos duermen

en camas numeradas.

Si se abre, descubres

el nombre de las plantas,

el origen del hielo,

el canto de las aguas.

Una historia que empieza

otra historia que acaba.

Libro cuando lo abro

del papel las palabras.

Si se cierra se juntan

las hojas y descansan.

Las alas son acentos,

los pájaros palabras.

Poema del libro “Adivinanzas el libro olvidado y otros cuentos”

Estos libros se pueden conseguir en http://lastura.es/  TLF 34  925 89 60 25

foto libro 2foto libro-3foto libro-4foto libro1

Este libro se puede conseguir en http://editorialjuglar.com/ TLF 34 925 89 60 25

foto lbro 5

 

Mi gato y yo

Pellejito-4

Me siento solo y hablo con el gato,

él gira la cabeza,

sostiene en mí sus ojos,

me escucha, y  yo presiento que me piensa,

hay una paz que abraza en su mirada,

le digo sin hablar, ¡Qué bueno eres!

Él pide y no suplica,

me lleva a la cocina

quiere comer, se sienta al pie del plato,

come y bebe y me mira agradecido

y se va y se refugia entre las mantas,

es octubre y la casa ubica al norte,

tiene frío, no tiene pelo,

se llama Pellejito

y está conmigo siempre.

Antonio Pastor Gaitero

Poema del libro “Viaja el tiempo en un tren sin estaciones ”

 

 

Surge del verso el cuerpo del poema

 

Presentación del libro el Musical acento de tu nombre- octubre 2018-12

Recuerdo gráfico de la presentación del libro en Canillejas en la fotografía de Pedro Ignacio Tofiño. Acompañado por Lidia López Miguel (Editora de Lastura Ediciones) y por el escritor Valentín Martín

Presentación del Musical acento de tu nombre-Octubre 2018Presentación del libro el Musical acento de tu nombre- octubre 2018-20

Presentación de Valentín Martín

A lo largo de la historia de la literatura la poesía ha pasado por
numerosas tendencias, o maneras de interpretarla, o sencillamente
modas.
La que más influyó, sin duda, fue el Modernismo. Por el
Modernismo pasaron casi todos los grandes, aunque ninguno se
quedó para siempre. La belleza por la belleza no basta, hay que
añadirle más ingredientes (la poesía social suma el compromiso).
En el fondo se trata de buscarse a sí mismo en tantos ismos que ha
ido colonizando un espacio reservado sobre todo al sentimiento.
Antonio Pastor Gaitero ha esquivado todos los ismos de que
hablo. Todos los ismos menos uno: el de ser fiel a sí mismo como
poeta que desde las formas sencillas y clásicas se expande.
Se evita así pervertirse en algo tan intrincado que hay veces que
más de una lectura no basta para entender a algunos poetas que
viven en las metáforas, cuando las metáforas siempre son un
recurso y nunca un fin en sí mismas.
Si hay un poeta que no necesite escribir metafóricamente sino con
la tradición hermosa y profunda de los pardales, ese es Antonio
Pastor Gaitero.
Aquí está este libro, “El musical acento de tu nombre” para
demostrarlo.
Hay que leerlo. Hay que leerlo y tal vez sin darnos cuenta nos
veremos envueltos en la dulce seducción de lo popular, cercano y
comprensible.
Y eso no quiere decir que “El musical acento de tu nombre”
carezca de altura poética, sino todo lo contrario. Es un libro para
recordar. Esto sucede solamente cuando la lectura de un libro nos
deja un poso de buen sabor que perdura.
En “El musical acento de tu nombre” Antonio Pastor Gaitero
moldea la poesía con la sabiduría tradicional de la costumbre, no
tiene que recurrir a garabatos o geografías de liturgias exóticas,
porque todo lo que escribe forma parte de su mundo, de nuestro

mundo, del mismo mundo que es el mundo de todos, por eso
resulta tan reconocible.
En este libro – como en toda su poesía – Antonio Pastor Gaitero
cultiva una lírica amplia, variada, y cuantiosa que da vueltas en
torno al poeta con una emoción sostenida siempre y con una
oferta de retales carísimos, pero que él regala con una
espontaneidad expresiva de tal calibre que nos parece estar escrita
para cada uno de nosotros.
Madrid está presente, claro. Porque Madrid es una ciudad tan
hembra que en las manos de orfebre de Antonio Pastor Gaitero
siempre es nuestro Madrid.
Y así va sucediendo con todos los poemas que nos tocan como si
llamasen cada uno a nuestra puerta. Es el milagro de la
universalidad poética de Antonio Pastor Gaitero, que al elevar lo
cotidiano hasta la altura de una extrema sensibilidad, hacia una
pureza en el lenguaje, desmorona distancias y seca océanos entre
el lector y el libro
Yo me atrevería a decir que entre nosotros y él porque de tanto
leerlo se establece una vereíta que no cría yerba.
Culpa suya, hay que cargar este vínculo en el haber de Antonio
Pastor Gaitero.
Porque no hay que engañarse, esto está al alcance de muy pocos
poetas, sencillamente porque no resulta fácil fecundar
complicidades.
Se necesita mucho talento y un gran dominio del oficio para
diseñar un camino intelectual por el que transitan felices y a gusto
todos los aires de todas las gentes, sea cual sea su estado
sentimental.
Detrás de “El musical acento de tu nombre” hay un gran poeta
que nos deja en el libro tanta poesía cabalgando un rítmico
lenguaje que es una alegría itinerante caminando ya hacia las
plazas, las calles y los suburbios.

Y como una de las reglas para presentar un poemario es no añadir
más poesía a la que el propio poeta ha puesto en el libro, me
aguanto la berrea y les remito a “El musical acento de tu nombre”
y a Antonio Pastor Gaitero que están llamando ya con las
urgencias de las buenas noticias. Si ustedes no responden, sepan
que se van a condenar, porque se pierden algo goloso y grande.

Valentín Martín

 

Poema del libro “El musical acento de tu nombre”

 

Surge del verso el cuerpo del poema

y brota el corazón de lo que escribo

y escribiré poemas sin descanso.

La sílaba, el acento es el emblema,

la palabra y el ritmo que recibo

son tierra, luna, mar y mi remanso.

 

Separar hojarasca es lo que quiero,

de la palabra y de la poesía,

para hacer de este oficio mi artilugio.

Espero ser del verso jardinero

del árbol que del verso es elegía,

que sombra y fruto da siendo refugio.

 

Recoger de los ecos  en la suma

de los versos el canto que acentúa,

es la labor que quiero en mi balanza.

Marinero de sal, viento y espuma,

de un mar que en calma vida perpetúa

y estrofa a estrofa la canción alcanza.

 

Presentación del libro el Musical acento de tu nombre- octubre 2018-17

 

A Inés Poveda

La fotografía es la forma que elige mi interior para expresarse.  Inés Poveda

 

A Inés Poveda

Sorolla de la luz, Rembrandt de sombra,

¿Qué instantes en tus ojos se reflejan

si a pinceles de artistas se asemejan

los cuadros que en la luz tu nombre nombra?

 

Inés Poveda. En un rincón, renombra

tu firma los instantes que aconsejan

que en vida de tus ojos se despejan

en gestos la emoción que nos asombra.

 

En su quietud eterna, la paciencia

es un espejo que verdad derrama,

queda fijo el instante y su sentencia.

 

Hay que añadir al arte que te llama

tu pública sonrisa y tu presencia

en un abrazo que al amor reclama.

Antonio Pastor Gaitero

Antonio en Galileo Galilei

Fotografía de Inés Poveda